domingo, 27 de abril de 2014

La culpa fue del chachachá

Después de mucho tiempo sin pasarme por aquí, hoy voy a partir de una frase muy manida: Nadie es perfecto.
Todos tomamos decisiones. Todos cometemos errores. Todos la cagamos -queriendo y sin querer-. Y ante esto sólo nos queda elegir un bando: asumir la responsabilidad o hacer como que la historia no va con nosotros e incluso llegar al victimismo.

Nos cuesta reconocer que la culpa de ciertas cosas es nuestra. Normalmente atribuimos nuestros éxitos a causas internas, mientras que explicamos nuestros fracasos por causas externas. El clásico: "He aprobado" frente al "Me han suspendido".
Ni todo es tan blanco ni tan negro. Evidentemente hay cosas que se escapan a nuestro control, pero de un modo u otro nuestra responsabilidad está ahí, quizás de una forma que nos cueste percibir. Pongamos por ejemplo que nos encontramos con un antiguo amigo que nos empieza a contar la pena de Murcia y al final acaba amargándonos la tarde. Podrás decir: es que Fulanito me ha fastidiado el día. Pero realmente eres tú quien ha decidido quedarse, escuchar su historia y permitir que te amargase.

Desde luego no es sano (para uno mismo) fustigarse por cada cosa que nos salga torcida; pero igualmente malo (para uno mismo y para los demás) es el victimismo.
Al ser incapaz de responsabilizarse de las situaciones que se viven y defenderse del malestar que ello nos produce atribuyendo las causas de lo ocurrido a los demás uno no puede hacer autocrítica y se hunde en el pesimismo. Simplemente tira del lamento para buscar atención y compasión.
Incluso a veces la "víctima" muestra su malestar atacando, acusando o etiquetando a los demás porque no son como ellos (o como ellos desean que sean). Vamos, otro nuevo espécimen para la carpeta de personalidades tóxicas.

Dicen que de los errores se aprende... pero... ¿y si consideramos que no los hemos cometido?


lunes, 24 de febrero de 2014

Quien espera, desespera

Que levante la mano quien alguna vez en su vida haya tenido esa conversación que empieza con un: y tú ¿qué harías si te tocase la lotería?
Yo siempre digo que me bastaría con tener un pequeño apartamento en el centro, viajar cuando me apeteciese y darme pequeños caprichos sin tener remordimientos; como comprarme ese disco, ir a cenar a ese restaurante o gastarme de más en ese vestido.
Debo de ser muy conformista... nunca he aspirado a tener grandes mansiones o coches deportivos. O eso o es que prefiero no hacerme grandes ilusiones... No espero que me toque la lotería (partiendo de que no juego, las probabilidades disminuyen notablemente) y posiblemente nunca llegue a tener una gran mansión; pero si ahorro un poquillo y no me falta el trabajo quizás pueda vivir en un apartamento en el centro.
Aún así, tampoco me hago ilusiones con largarme a mi propia guarida a corto plazo. Seamos realistas: no tengo trabajo y dudo que pueda pagar un alquiler con mi gracia y saber estar.
Si algún día lo logro será fantástico, pero si no es así tampoco me decepcionaré. No espero nada, que llegue lo que tenga que llegar.
Por un momento es bonito hacerse ilusiones y fantesear con cómo sería ese mundo ideal, rodeados con gente ideal y haciendo cosas ideales; pero resulta complicado no decepcionarse cuando bajas a la realidad y te das cuenta de que no todo es tan maravilloso, la gente te defrauda y no puedes hacer todo lo que te habías imaginado.
A veces se nos escapa lo más obvio, nos cuesta aceptar algunas verdades. Recordando a Bucay: lo que es, es.
La realidad no es como a mí me convendría que sea. No es como debería ser. No es como me dijeron que iba a ser. No es como fue. No es como será mañana. Las cosas son como son.
Yo soy quien soy. No soy la que quisiera ser. No soy la que debería ser. No soy la que mis padres quieren que sea. Ni siquiera soy la que fui. Yo soy quien soy.
Tú eres quien eres. No eres quien yo necesito que seas. No eres el que fuiste. No eres como a mí me conviene. No eres como yo quiero. Tú eres como eres.
Partiendo de esto habrá que tirar para adelante: las cosas son como son y lo que uno espera es cosa suya y alimento de sus decepciones.


jueves, 16 de enero de 2014

Una nueva dimensión

No sé si tengo ganas de ponerme a escribir, más bien me decanto por el no; pero al menos mientras tecleo no me estoy chinchando los padrastos, que a este ritmo me van a llegar hasta el codo.

Últimamente ando escasa de ideas, o mejor dicho: ando escasa de situaciones que me evoquen ideas y me provoquen escribirlas irrefrenablemente. Estoy gastando las pocas palabras que se me ocurren en redacciones para mis clases de inglés –todo sea dicho, con un resultado bastante positivo-.

Desde mi tranquila existencia observo el panorama. Probablemente si fuese verano disfrutaría más de ese pequeño placer que es para mí el sentarme en un banco o en la terraza de un bar y ver la gente pasar; pero dadas las circunstancias meteorológicas tengo que conformarme con lo que me aportan algunos lugares cerrados y la comunicación por las redes sociales (que no es poco, por otra parte).

Siempre me fascinaron las personas, así, en general. Su comportamiento, sus respuestas ante ciertos estímulos, sus interacciones... y les intento buscar una lógica, saber qué hay detrás. El problema es que el ser humano muchas veces ignora toda lógica. Nos quedamos atascados en un vórtice de emociones y sentimientos -culpabilidad, celos, ira...- que nos impide ver las situaciones con claridad. Y a veces arrastramos a los demás al interior de ese vórtice y hasta acabamos en otra dimensión. Hay mucha gente allí, al otro lado, aunque no os lo creáis.
Así que hay días que mi labor de encontrarle lógica se complica y acabo desistiendo. Como ahora, que me voy al sofá porque esto no tiene sentido.


martes, 31 de diciembre de 2013

Hasta mañana

Otro año que pasa. Inevitablemente nos ponemos a hacer balance y marcarnos nuevas metas; que por un lado no está mal, siempre es positivo analizar nuestras andanzas y tener objetivos en mente; pero a mí me hace gracia esa visión de fin de etapa.

Se acaba un año y con él todo lo bueno y lo malo que nos haya ocurrido y empieza otro totalmente nuevo y distinto. Hay quien siente pena porque este año le ha ido genial y no quiere que se acabe y otros que están deseando entrar en 2014 porque este 2013 ha sido un año "para olvidar".
¡Sí, claro amigos! De la noche a la mañana todo va a cambiar. Una situación de mierda va a convertirse mágicamente en algo distinto porque, ¡ey!, ¡es 2014! Y tu buena racha se va a terminar en cuanto den las campanadas, así que aprovecha lo poco que te queda de año...

Mañana será otro día. Otro día más. Otro de la sucesión de miles de días que tienen nuestras vidas. Otro día que será igual que el anterior si no nos molestamos en cambiarlo, ya sea 2013, 2014 o 2036. No culpemos al 2013, él no ha hecho nada.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Ahí lo dejo

Estoy haciendo la tarea de inglés y acabo de toparme con un fragmento que me ha llamado la atención dentro de un texto que tengo que leer. Se trata de una anécdota de Kofi Annan:
I was one of a group of boys who sat on the floor of our proffesor's office for our weekly lesson in spoken English. One day the professor put a large sheet of white paper on the wall. The paper had a little black dot on the right-hand corner. When the professor asked, 'Boys, what do you see?' we all shouted together 'A black dot!' The professor stepped back and said, 'So, not a single one of you saw the white sheet of paper. You only saw the black dot. This is the awful thing about human nature. People never see the goodness of things, and the broader picture. Don't go through life with that attitude.'

Ahí lo dejo.