jueves, 27 de junio de 2013

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo

Mi madre tiene una costumbre que me resulta muy molesta: adelanta todos los relojes cinco minutos. Mi padre ha llegado a la conclusión de que vive "anticipada", que sabe lo que va a ocurrir antes que los demás. A veces llego a pensar que es verdad, todo sea dicho.

Cinco minutos. Sólo cinco minutos. Cinco minutos para remolonear entre las sábanas. Cinco minutos esperando a quien llega tarde. Dos situaciones que nuestro reloj cognitivo percibe de forma muy diferente. Mientras que en la primera esos cinco minutos se convierten en un segundo, en la segunda tenemos la sensación subjetiva de que pasa una eternidad.
Y es que en esto de la percepción del tiempo hay un componente emocional bastante importante.

Hay dos momentos del año en que me pongo profunda y me planteo esto del paso del tiempo: Navidad y San Pedro. Medio año entre una fecha y otra. Tradición un tanto idiota es la que sigo con una amiga, que llegadas estas fechas siempre decimos una frase lapidaria: "Y en nada San Pedro" (en el caso de estar en Navidad) o "Y en cuanto te descuides ya está aquí la Navidad" (cuando andamos de fiestas en Burgos). Lo peor es que es cierto. Hace ya medio año que estábamos con el turrón y ahora toca ponerse morados a tapas. ¿Y qué he hecho yo en todo este tiempo?

Rápido o lento, el tiempo pasa. Y una de repente se encuentra con 27 años. Tampoco voy a ponerme trascendental y empezar a buscar el sentido de la vida (y en especial de la mía, que ya bastante tengo con vivirla). Por el momento prefiero pasar ese tiempo tomando cañas con los amigos, y quizás así pierda el sentido... del tiempo!


miércoles, 19 de junio de 2013

Instant karma

El otro día me vi inmersa en una conversación sobre tiempos pretéritos en los que pasábamos nuestras horas en el colegio o en el instituto. Alguien comentó que uno de sus profesores consideraba que no existían los castigos, sino premios buenos o "premios malos"; como si realmente el cambiar el significante hiciera cambiar el significado.

El caso es que rápidamente mi cabecita se puso a divagar sobre los premios (buenos o malos) que recibimos a lo largo de nuestra vida. Curiosamente uno suele plantearse si existe el karma cuando le pasa algo negativo ¿qué he hecho yo para merecer esto? o bien cuando consideramos que alguien es un hijo de puta poco malo, el tiempo le pondrá en su lugar.

Lo cierto es que pensamos en el karma como: haces tal cosa y te sucerá esa otra, tarde o temprano. Si Pedro le ha metido una hostia a Juan sin razón aparente, probablemente a la semana que viene le caiga una maceta en la cabeza. Sería curioso, no voy a negarlo, nos cuidaríamos mucho las espaldas antes de hacer las cosas; pero nada es tan simple.

Me gustaría creer que sí que existe el karma, que todos cobramos por el bien que hacemos o pagamos por el mal, pero a día de hoy y visto y vivido ciertas cosas, mejor no espero a que me llegue o les llegue a los demás premio (bueno o malo) alguno.

Más allá de energías trascendentes y leyes universales creo que hay algo más cercano y podría decir que efectivo: la CONCIENCIA. Nuestra actividad afecta a nuestra conciencia y la condiciona; en actos en donde el altruismo, generosidad, amor, etc., están presentes, se generaran estados mentales saludables (tranquilidad, ecuanimidad, paz) e inversamente, acciones motivadas por el odio, celos, harán surgir en la mente estados de agitación, ansiedad, conflicto, insatisfacción. Te sentirás bien cuando hagas lo correcto, y cada putada que hagas, no te preocupes, que ahí estará tu conciencia para recordártelo. Y eso sí que lo he comprobado, en mí y en otros a los que la conciencia no les ha dejado dormir. Aunque no voy a negar, y creo que todo el mundo lo ha pensado más de una vez, que ciertas personas parecen carecer de ella; pero que nadie se preocupe, que a esos fijo que algún día les cae una maceta.