Después de mucho tiempo
sin pasarme por aquí, hoy voy a partir de una frase muy manida:
Nadie es perfecto.
Todos tomamos decisiones.
Todos cometemos errores. Todos la cagamos -queriendo y sin querer-. Y
ante esto sólo nos queda elegir un bando: asumir la responsabilidad
o hacer como que la historia no va con nosotros e incluso llegar al
victimismo.
Nos cuesta reconocer que
la culpa de ciertas cosas es nuestra. Normalmente atribuimos nuestros
éxitos a causas internas, mientras que explicamos nuestros fracasos
por causas externas. El clásico: "He aprobado" frente al
"Me han suspendido".
Ni todo es tan blanco ni
tan negro. Evidentemente hay cosas que se escapan a nuestro control,
pero de un modo u otro nuestra responsabilidad está ahí, quizás de
una forma que nos cueste percibir. Pongamos por ejemplo que nos
encontramos con un antiguo amigo que nos empieza a contar la pena de
Murcia y al final acaba amargándonos la tarde. Podrás decir: es que
Fulanito me ha fastidiado el día. Pero realmente eres tú quien ha
decidido quedarse, escuchar su historia y permitir que te amargase.
Desde luego no es sano
(para uno mismo) fustigarse por cada cosa que nos salga torcida; pero
igualmente malo (para uno mismo y para los demás) es el victimismo.
Al ser incapaz de
responsabilizarse de las situaciones que se viven y defenderse del
malestar que ello nos produce atribuyendo las causas de lo ocurrido a
los demás uno no puede hacer autocrítica y se hunde en el
pesimismo. Simplemente tira del lamento para buscar atención y
compasión.
Incluso a veces la
"víctima" muestra su malestar atacando, acusando o
etiquetando a los demás porque no son como ellos (o como ellos
desean que sean). Vamos, otro nuevo espécimen para la carpeta de
personalidades tóxicas.
Dicen que de los errores
se aprende... pero... ¿y si consideramos que no los hemos cometido?

No hay comentarios:
Publicar un comentario