lunes, 29 de julio de 2013

What you see is what you get

WYSIWYG: Se aplica a los procesadores de texto y otros editores de texto con formato que permiten escribir un documento viendo directamente el resultado final, frecuentemente el resultado impreso.

Ojalá. Ojalá las cosas resultaran ser como uno las ve en un principio, que lo que uno ve permaneciera inmutable en el tiempo. Pero no. Ese vestido que te pillas por internet resulta que es verde fosforito cuando tú lo compraste por verde pistacho.

Lo mismo pasa con las personas, siempre hay algo que descubrir con el tiempo. Algo bueno a veces, algo malo otras tantas.
No dudo que pueda tener su lado positivo el ir descubriendo distintas facetas de las personas; pero ¿cuántas veces nos acabamos llevando tremendas decepciones al ver que alguien no es como pensábamos?

He de decir que soy una persona de primeras impresiones, y que, aunque con el tiempo me he ido relajando en este asunto; hace unos años tendían a ser en un 80% negativas. Por consejo de amigos acababa cediendo en ciertos casos, pero tarde o temprano las personas que en un principio me resultaban nocivas, acaban siéndolo también para el resto.

Todos vendemos o intentamos proyectar una imagen fantástica de nosotros mismos; más aún hoy en día con las redes sociales. Uno no va diciendo por ahí que le gusta robar bolsos a las ancianas, pero sí que hace voluntariado con personas discapacitadas. Mostrar el lado positivo de uno mismo entra dentro de lo lógico y normal, y cuando conoces a una persona ves poco a poco cómo también tiene otro lado, que al fin y al cabo es lo que nos hace humanos.
El problema viene cuando todo lo negativo que ocultas supera con creces a lo positivo que vendes.

He vivido situaciones en que la propia persona me ha dicho: es que soy egoísta, o yo es que soy malo, pero no de los que se dan de hostias, sino de los que te la lían cuando menos te lo esperas.
Vale, ahí soy yo la que decide, tengo la información y si me la lías es mi culpa por meterme en la boca del lobo.
Esta especie no es peligrosa, es -parafraseando a Jesulín- como un toro: le ves los cuernos y sabes que te los puede clavar. El peligro viene con los individuos que son como esas ranitas de colores tan cuquis que luego resulta que tienen veneno como para cargarse a 1500 personas.

Es gente que lleva máscara para tapar su realidad y fingir lo que no son, para agradar y atraer a los demás y evitar que se vean sus debilidades. Pero las máscaras son frágiles y se acaban rompiendo y sale a la luz todo lo que ocultaban los mil colorines.

Todos tenemos partes coloreadas y partes blancas, negras y grises. No os fiéis de los que deslumbran con su arco iris.


domingo, 14 de julio de 2013

BBK Live... or die trying

Puedo decirlo: he sobrevivido al BBK Live 2013. Y os aseguro que no ha sido tarea fácil.

Salimos de Burgos el jueves a las dos del mediodía pasadas, por eso de ir con tiempo, montar la tienda y llegar al primer concierto que queríamos ver: ALT-J (a las 19:00). Partíamos con nuestras mochilas llenas de ilusión, que pronto se vería truncada por las numerosas pruebas que la organización nos puso para ver si éramos aptos o no para su magnífico festival (hubo momentos en los que sólo nos faltó Ramón García anunciándonos que salía la vaquilla Revoltosa).

La primera de ellas consistía en cargar con todos los trastos desde el parking nivel -2 (casualidad que en nuestra salida no había ascensor) hasta la planta 0 del BEC y salir dando la vuelta al edificio hasta una parada de bus en la que nos esperaba una hermosa cola. El parking se encontraba a unos 7 km del recinto; el cual a su vez se encontraba (según la página web del festival) a poco más de 1 km de la zona de acampada -que no sé muy bien cómo lo habrán medido...-. Bien, pues aquí llega la segunda prueba, algo más difícil que la anterior: llegar a la zona de acampada. Aguantamos la cola y montamos más o menos rápido en el bus (echémosle 20 minutos). Demasiado sencillo, vamos a animar la cosa: este bus sólo nos llevaba al recinto donde se celebraban los conciertos; para lograr llegar a la meta teníamos que coger otro autobús. Bajamos del primero con todos los bártulos (que siendo previsores habíamos metido el menor número de bultos posible, y aún así íbamos cargados como mulas) y con nuestra inocencia intacta nos dirigimos a coger el segundo bus. En este caso la cola era aún más larga y aderezada con un sol de justicia a las 5 de la tarde en un monte. No recuerdo lo que tuvimos que esperar, diría que más de una hora. Conseguimos entrar en un bus -otra vez como sardinas en lata- y llegar a nuestro destino. Una vez allí, montamos las tiendas y picamos algo para bajar con fuerzas renovadas.

Llegó la tercera prueba: otra cola para bajar al recinto. Al final, y habiendo salido a las 14:10 de casa (y llegando antes de las 16:00 a Bilbao), pudimos llegar a las 20:15 para ver a Editors. ALT-J habrá que dejarlo para otra ocasión.

Y cola para conseguir la pulsera. Y cola para pedir. Y cola para mear -en unos baños vomitivos-. Y otra cola para subir de nuevo a las tantas de la madrugada. Y cola para hacer cola. Y así todos los días.

Porque, como digo muchas veces: el sentido común es el menos común de los sentidos. ¿Cómo suben la zona de acampada a un monte con una carretera de un sólo sentido cuando tienen que subir y bajar buses continuamente? ¿Por qué ponen tan pocos buses y baños cuando se prevée una asistencia de 35,000 personas? ¿Por qué no ponen un bus desde el BEC hasta la zona de acampada con parada en el recinto en vez de obligarnos a hacer un trasbordo cuando la gente va cargada hasta las cejas? ¿FatBoy Slim en el escenario Heineken y Vampire Weekend en el escenario Bilbao?

Un buen cartel no es suficiente para hacer un buen festival, señores del BBK Live. Deberían de cuidar a los que dejándose más de 100 euros por asistir, les dan de comer; en vez de intentar convertir su festival en un nuevo FIB cargado de guiris borrachos. Porque no hay persona en la zona de acampada que no estuviese hasta las narices de la basura de organización y diciendo que no repetirían ni de broma. Yo la primera. He disfrutado con mis amigos, me he reído, he bailado, cantado y saltado, pero no creo que vuelvan a verme por ahí si nos tratan como a ganado.