El otro día me fui a tomar unas cerves
con una amiga después de un concierto. A saber de qué estábamos
hablando cuando mi amiga me dijo: gírate, mira a ese tío. Sabes
quién es, ¿no? Me encanta.
Por supuesto que sabía quién era. No
he cruzado una palabra con él en mi vida, contesté; pero sí, creo
que todas las aquí presentes sabemos quién es y pensamos igual que
tú. Y lo que es peor: ÉL LO SABE.
Es guapo y muy consciente de ello. Ya podemos darlo por perdido.
Eh, que no digo que sea inalcanzable,
ni mucho menos. Al contrario, animé a mi amiga a intentarlo, pero
ella tampoco estaba muy convencida de hacerlo.
¿Por qué? Porque ve lo mismo que yo y
lo que imagino ven muchas más.
Porque desprende ese halo de "soy
más guapo que el resto, ¿qué podéis ofrecerme, nenas?".
Porque estar en una relación con él
sería algo así como un "siéntete afortunada de estar conmigo
porque no eres mi única opción".
Y así no. Así no.
Porque el encanto de la belleza está
en no saber que se posee.

