miércoles, 27 de marzo de 2013

Extraños sucesos I: "Desapariciones" marianas

¿Por qué la hamburguesa de la foto nunca es igual que la que me sirven? ¿Alguien se come las peladillas en Navidad? ¿Quién le gustaba realmente a Bea en Verano Azul: Javi o Pancho? ¿A dónde va la gente que desaparece?

Y con esta última pregunta no me refiero a qué hay después de la muerte, que ahí cada uno tiene sus ideas: reencarnación, cielo (infierno para vosotros, malditos), un se acabó la función y aquí paz y después gloria...
A lo que voy es: ¿a dónde va esa gente que de la noche a la mañana desaparece de tu vida?

Que yo entiendo que alguien decida apartarse de tí si te cargas a su perro o vas publicando sus filias en el BOE; pero si no hay razones aparentes para ello, ¿por qué no vuelves a saber de ellos? ¿a qué extraña dimensión se trasladan?
Y es que lo mismo un día te estás tomando una fanta naranja animadamente (que quien dice tomando una fanta dice intercambiando fluidos) y al cabo de un par de meses te percatas de que no has vuelto a saber de esa persona. Y sonríes interiormente y piensas: otra víctima de los agujeros negros, que el Hombre del Espacio les tenga en su gloria.

Mi breve experiencia vital me ha llevado a elaborar algunas hipótesis que expliquen este extendido fenómeno:
  1. La gente se enamora y se vuelve gilipollas. Consecuencia: la gente se echa pareja y desaparece en el limbo de las parejitas empalagosas.
  2. La gente no sabe lo que quiere y utiliza a los demás como banco de pruebas. Y si el resultado no es el esperado, pues si te he visto no me acuerdo.
  3. La gente está atontada, así, sin más.
Pero tras un exhaustivo análisis he llegado a un punto clave que puede explicar todo esto y con tan sólo una palabra: cobardía (de nada, amigos). Permitidme tirar de wikipedia: "La cobardía es un vicio que comúnmente se considera como la degeneración de la prudencia, degeneración que lleva a toda anulación del valor. La cobardía se puede considerar como un exceso de prudencia tal, que es incapaz de encarar consecuencias."
Y es que, queridos amigos, si alguien no quiere disfrutar de mi compañía, ¡que me lo diga!, sus razones tendrá. Tan sencillo como eso. Que sí, que el camino más fácil es desaparecer y no dar la cara, pero coño, ¡haced un pequeño esfuerzo!

Por un mundo sin desapariciones repentinas. 12 meses, 12 causas.


viernes, 22 de marzo de 2013

Calibrando la sutileza

No me preguntéis cómo, pero el otro día acabé en una página que hablaba sobre ventas, de qué manera llevar tu negocio para obtener beneficios y esas historias.

El título del artículo que leí era: Ser directo vende más; y entre otras cosas comentaba que a la hora de vender, mostrarte franco y directo suele resultar más eficaz que andarte con rodeos innecesarios.
Como la vida misma, pensaba mientras leía los consejos que enumeraba el artículo: ir directo al grano, ser honesto, recordar que no todo vale, no hacer perder el tiempo...

Cada persona es un mundo; y yo, personalmente, prefiero que no me vengan con acertijos.

Ojo, que ser directo no implica (dependiendo de situaciones) brusquedad, ataque o que te vengan a rondar con la tuna. Yo me decantaría por llamar la atención con un tema como éste.

Siempre quise entrar desnudo en tu habitación
y pasar la fría noche bajo tu edredón.
No hay nada que me llame más,
siempre quise incursiones en tu habitación.

Siempre quise estar desnudo en tu habitación,
siempre quise estar pegado a tu radiador.
No hay nada que me encienda más,
siempre quise estar tumbado y desnudo en tu habitación.

No hay nada que no acabe mal,
no hay nada que yo sepa hacer mejor.



domingo, 17 de marzo de 2013

Las malas lenguas

¿Conocéis el clásico de: me gustaría fingir mi muerte para ver quién va a mi entierro, quién llora, qué diría la gente...? Bueno, pues a mí lo que me gustaría es saber qué piensa la gente de mí, qué primera impresión doy, qué se comenta por ahí... pero en vida. No porque me preocupe o vaya a tomar represalias, sino por curiosidad, por saber qué imagen transmito.

Porque la gente habla. Yo lo hago. Tú lo haces. Él lo hace. Nosotros lo hacemos. Vosotros lo hacéis. Ellos lo hacen.

Este desvarío de hoy tiene una razón. Estaba yo este fin de semana dando un garbeo cuando me encontré con una persona con la que hacía probablemente más de un año que no cruzaba palabra. El susodicho pasó por mi vida de forma efímera, ya que teníamos alguien en común, y desapareció de ella a la vez que lo hizo la persona que nos unía. Hasta ahí todo normal, cosas que pasan.
Iniciamos la típica conversación de ¡ey! ¡cuánto tiempo!, ¿qué tal te va? -Lo cierto es que mi interés era mínimo, pero en estos casos opto por ser políticamente correcta y poner la mejor de mis sonrisas.- Y tras relatarle brevemente mi situación actual me soltó un comentario sobre lo que él sabía de mí hasta la fecha. Algo que, lógicamente, otra persona o personas le habían comentado.
Lo cierto es que me descolocó por completo y simplemente asentí y me despedí.

Minutos después, ya centrada, se lo comenté a una de las personas que venían conmigo. La respuesta de cómo había llegado tal información a este chico la teníamos clara. Lo curioso es que la o las personas que se lo transmitieron a él están aún más fuera de mi vida... aunque al parecer yo no lo estoy de la suya.

Y es que ya lo dijo Dalí: "Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien".

martes, 12 de marzo de 2013

Hoy empiezo, no sé cuándo seguiré ni mucho menos cuándo acabaré

Que nadie espere un orden ni un concierto. Que nadie espere un hilo conductor. Que nadie espere constancia por mi parte. Que nadie espere lo inesperado.
Yo no espero que lo leáis. No espero comentarios. No espero siquiera que os agrade.

Esto es un blog; el mío, concretamente. Y si bien decir que voy a poner lo que me salga de las narices cuando me salga de las narices puede sonar algo brusco, no por ello deja de ser la verdad.
Básicamente se trata de un lugar donde plasmar mis desvaríos, que tan pronto vienen como se van. Quizás os encontréis con dos desvaríos en un solo día o logre mantenerme cuerda durante más de un mes y no sepáis de mi persona. No os preocupéis por mí, yo no lo haré por vosotros.

Aunque cualquier parecido con la realidad sea mera coincidencia, si alguien se siente aludido por alguna de mis entradas que no dude en hacérmelo saber. Amablemente (o quizás no, rezad para pillarme en un buen día) os diré si mis flechas van directas a vuestra cabeza o tan sólo os rozan la oreja.

Y tras esta declaración de principios, me despido hasta nuevo aviso.