lunes, 24 de febrero de 2014

Quien espera, desespera

Que levante la mano quien alguna vez en su vida haya tenido esa conversación que empieza con un: y tú ¿qué harías si te tocase la lotería?
Yo siempre digo que me bastaría con tener un pequeño apartamento en el centro, viajar cuando me apeteciese y darme pequeños caprichos sin tener remordimientos; como comprarme ese disco, ir a cenar a ese restaurante o gastarme de más en ese vestido.
Debo de ser muy conformista... nunca he aspirado a tener grandes mansiones o coches deportivos. O eso o es que prefiero no hacerme grandes ilusiones... No espero que me toque la lotería (partiendo de que no juego, las probabilidades disminuyen notablemente) y posiblemente nunca llegue a tener una gran mansión; pero si ahorro un poquillo y no me falta el trabajo quizás pueda vivir en un apartamento en el centro.
Aún así, tampoco me hago ilusiones con largarme a mi propia guarida a corto plazo. Seamos realistas: no tengo trabajo y dudo que pueda pagar un alquiler con mi gracia y saber estar.
Si algún día lo logro será fantástico, pero si no es así tampoco me decepcionaré. No espero nada, que llegue lo que tenga que llegar.
Por un momento es bonito hacerse ilusiones y fantesear con cómo sería ese mundo ideal, rodeados con gente ideal y haciendo cosas ideales; pero resulta complicado no decepcionarse cuando bajas a la realidad y te das cuenta de que no todo es tan maravilloso, la gente te defrauda y no puedes hacer todo lo que te habías imaginado.
A veces se nos escapa lo más obvio, nos cuesta aceptar algunas verdades. Recordando a Bucay: lo que es, es.
La realidad no es como a mí me convendría que sea. No es como debería ser. No es como me dijeron que iba a ser. No es como fue. No es como será mañana. Las cosas son como son.
Yo soy quien soy. No soy la que quisiera ser. No soy la que debería ser. No soy la que mis padres quieren que sea. Ni siquiera soy la que fui. Yo soy quien soy.
Tú eres quien eres. No eres quien yo necesito que seas. No eres el que fuiste. No eres como a mí me conviene. No eres como yo quiero. Tú eres como eres.
Partiendo de esto habrá que tirar para adelante: las cosas son como son y lo que uno espera es cosa suya y alimento de sus decepciones.


jueves, 16 de enero de 2014

Una nueva dimensión

No sé si tengo ganas de ponerme a escribir, más bien me decanto por el no; pero al menos mientras tecleo no me estoy chinchando los padrastos, que a este ritmo me van a llegar hasta el codo.

Últimamente ando escasa de ideas, o mejor dicho: ando escasa de situaciones que me evoquen ideas y me provoquen escribirlas irrefrenablemente. Estoy gastando las pocas palabras que se me ocurren en redacciones para mis clases de inglés –todo sea dicho, con un resultado bastante positivo-.

Desde mi tranquila existencia observo el panorama. Probablemente si fuese verano disfrutaría más de ese pequeño placer que es para mí el sentarme en un banco o en la terraza de un bar y ver la gente pasar; pero dadas las circunstancias meteorológicas tengo que conformarme con lo que me aportan algunos lugares cerrados y la comunicación por las redes sociales (que no es poco, por otra parte).

Siempre me fascinaron las personas, así, en general. Su comportamiento, sus respuestas ante ciertos estímulos, sus interacciones... y les intento buscar una lógica, saber qué hay detrás. El problema es que el ser humano muchas veces ignora toda lógica. Nos quedamos atascados en un vórtice de emociones y sentimientos -culpabilidad, celos, ira...- que nos impide ver las situaciones con claridad. Y a veces arrastramos a los demás al interior de ese vórtice y hasta acabamos en otra dimensión. Hay mucha gente allí, al otro lado, aunque no os lo creáis.
Así que hay días que mi labor de encontrarle lógica se complica y acabo desistiendo. Como ahora, que me voy al sofá porque esto no tiene sentido.


martes, 31 de diciembre de 2013

Hasta mañana

Otro año que pasa. Inevitablemente nos ponemos a hacer balance y marcarnos nuevas metas; que por un lado no está mal, siempre es positivo analizar nuestras andanzas y tener objetivos en mente; pero a mí me hace gracia esa visión de fin de etapa.

Se acaba un año y con él todo lo bueno y lo malo que nos haya ocurrido y empieza otro totalmente nuevo y distinto. Hay quien siente pena porque este año le ha ido genial y no quiere que se acabe y otros que están deseando entrar en 2014 porque este 2013 ha sido un año "para olvidar".
¡Sí, claro amigos! De la noche a la mañana todo va a cambiar. Una situación de mierda va a convertirse mágicamente en algo distinto porque, ¡ey!, ¡es 2014! Y tu buena racha se va a terminar en cuanto den las campanadas, así que aprovecha lo poco que te queda de año...

Mañana será otro día. Otro día más. Otro de la sucesión de miles de días que tienen nuestras vidas. Otro día que será igual que el anterior si no nos molestamos en cambiarlo, ya sea 2013, 2014 o 2036. No culpemos al 2013, él no ha hecho nada.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Ahí lo dejo

Estoy haciendo la tarea de inglés y acabo de toparme con un fragmento que me ha llamado la atención dentro de un texto que tengo que leer. Se trata de una anécdota de Kofi Annan:
I was one of a group of boys who sat on the floor of our proffesor's office for our weekly lesson in spoken English. One day the professor put a large sheet of white paper on the wall. The paper had a little black dot on the right-hand corner. When the professor asked, 'Boys, what do you see?' we all shouted together 'A black dot!' The professor stepped back and said, 'So, not a single one of you saw the white sheet of paper. You only saw the black dot. This is the awful thing about human nature. People never see the goodness of things, and the broader picture. Don't go through life with that attitude.'

Ahí lo dejo. 



lunes, 4 de noviembre de 2013

Hoy quiero confesar...

Hace tiempo que no tenía una gran resaca (mejor para mí, desde luego); pero el viernes me atacó esa clásica a la par que traicionera resaca post-siesta que te deja la cabeza que no sabes si vas o si vienes. Te levantas bien -a la hora de comer, eso sí- pero tras echar una cabezadita para terminar de recuperar el sueño que te robaron la noche anterior, te levantas hecha mierda.

El problema es que mi cabeza no para y está llena de pensamientos inconexos y conocimientos inútiles (salvo para las partidas de triviados) y cuando me desperté de esa siesta mortal una idea pasó por mi mente cual estrella fugaz. Propósito de enmienda. Esa era la idea. Dos palabras que me sonaban de algo, no recordaba el qué. Pasados unos minutos y un comprimido de ibuprofeno logré averiguar de dónde venían y la retahíla a la que iban unidas. Esa que se acaba grabando en tu cabecita cuando eres pequeña porque te la repiten mil veces pero que no sabes lo que significa (y no tienes ni el menor interés en saberlo). Eran algo así como las fases de la confesión que la catequista y la profe de religión te contaban al prepararte para la primera comunión: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Afortunadamente, cosas más importantes y útiles que ésta me ha aportado la educación que he recibido; sino, jodida estaba.

El caso es que me hizo gracia pensar por qué razon me rondaban la mente estas palabrejas y que quizás ahora tenían más sentido que cuando me las repetían de niña:
- Examen de conciencia: Madre mía, ¿qué c*** hice anoche?
- Dolor de los pecados: Estoy fatal, ¿quién me mandaría?
- Propósito de enmienda: No vuelvo a liarla así en mi vida.
- Decir los pecados al confesor: Tía, anoche se me fue de las manos.
- Cumplir la penitencia: Dolor de cabeza, náuseas, sudores fríos...

Mi resaca se pasó con el ibuprofeno, nada grave. Eso sí, espero no tener que confesarme en mucho tiempo...