jueves, 16 de enero de 2014

Una nueva dimensión

No sé si tengo ganas de ponerme a escribir, más bien me decanto por el no; pero al menos mientras tecleo no me estoy chinchando los padrastos, que a este ritmo me van a llegar hasta el codo.

Últimamente ando escasa de ideas, o mejor dicho: ando escasa de situaciones que me evoquen ideas y me provoquen escribirlas irrefrenablemente. Estoy gastando las pocas palabras que se me ocurren en redacciones para mis clases de inglés –todo sea dicho, con un resultado bastante positivo-.

Desde mi tranquila existencia observo el panorama. Probablemente si fuese verano disfrutaría más de ese pequeño placer que es para mí el sentarme en un banco o en la terraza de un bar y ver la gente pasar; pero dadas las circunstancias meteorológicas tengo que conformarme con lo que me aportan algunos lugares cerrados y la comunicación por las redes sociales (que no es poco, por otra parte).

Siempre me fascinaron las personas, así, en general. Su comportamiento, sus respuestas ante ciertos estímulos, sus interacciones... y les intento buscar una lógica, saber qué hay detrás. El problema es que el ser humano muchas veces ignora toda lógica. Nos quedamos atascados en un vórtice de emociones y sentimientos -culpabilidad, celos, ira...- que nos impide ver las situaciones con claridad. Y a veces arrastramos a los demás al interior de ese vórtice y hasta acabamos en otra dimensión. Hay mucha gente allí, al otro lado, aunque no os lo creáis.
Así que hay días que mi labor de encontrarle lógica se complica y acabo desistiendo. Como ahora, que me voy al sofá porque esto no tiene sentido.


martes, 31 de diciembre de 2013

Hasta mañana

Otro año que pasa. Inevitablemente nos ponemos a hacer balance y marcarnos nuevas metas; que por un lado no está mal, siempre es positivo analizar nuestras andanzas y tener objetivos en mente; pero a mí me hace gracia esa visión de fin de etapa.

Se acaba un año y con él todo lo bueno y lo malo que nos haya ocurrido y empieza otro totalmente nuevo y distinto. Hay quien siente pena porque este año le ha ido genial y no quiere que se acabe y otros que están deseando entrar en 2014 porque este 2013 ha sido un año "para olvidar".
¡Sí, claro amigos! De la noche a la mañana todo va a cambiar. Una situación de mierda va a convertirse mágicamente en algo distinto porque, ¡ey!, ¡es 2014! Y tu buena racha se va a terminar en cuanto den las campanadas, así que aprovecha lo poco que te queda de año...

Mañana será otro día. Otro día más. Otro de la sucesión de miles de días que tienen nuestras vidas. Otro día que será igual que el anterior si no nos molestamos en cambiarlo, ya sea 2013, 2014 o 2036. No culpemos al 2013, él no ha hecho nada.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Ahí lo dejo

Estoy haciendo la tarea de inglés y acabo de toparme con un fragmento que me ha llamado la atención dentro de un texto que tengo que leer. Se trata de una anécdota de Kofi Annan:
I was one of a group of boys who sat on the floor of our proffesor's office for our weekly lesson in spoken English. One day the professor put a large sheet of white paper on the wall. The paper had a little black dot on the right-hand corner. When the professor asked, 'Boys, what do you see?' we all shouted together 'A black dot!' The professor stepped back and said, 'So, not a single one of you saw the white sheet of paper. You only saw the black dot. This is the awful thing about human nature. People never see the goodness of things, and the broader picture. Don't go through life with that attitude.'

Ahí lo dejo. 



lunes, 4 de noviembre de 2013

Hoy quiero confesar...

Hace tiempo que no tenía una gran resaca (mejor para mí, desde luego); pero el viernes me atacó esa clásica a la par que traicionera resaca post-siesta que te deja la cabeza que no sabes si vas o si vienes. Te levantas bien -a la hora de comer, eso sí- pero tras echar una cabezadita para terminar de recuperar el sueño que te robaron la noche anterior, te levantas hecha mierda.

El problema es que mi cabeza no para y está llena de pensamientos inconexos y conocimientos inútiles (salvo para las partidas de triviados) y cuando me desperté de esa siesta mortal una idea pasó por mi mente cual estrella fugaz. Propósito de enmienda. Esa era la idea. Dos palabras que me sonaban de algo, no recordaba el qué. Pasados unos minutos y un comprimido de ibuprofeno logré averiguar de dónde venían y la retahíla a la que iban unidas. Esa que se acaba grabando en tu cabecita cuando eres pequeña porque te la repiten mil veces pero que no sabes lo que significa (y no tienes ni el menor interés en saberlo). Eran algo así como las fases de la confesión que la catequista y la profe de religión te contaban al prepararte para la primera comunión: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Afortunadamente, cosas más importantes y útiles que ésta me ha aportado la educación que he recibido; sino, jodida estaba.

El caso es que me hizo gracia pensar por qué razon me rondaban la mente estas palabrejas y que quizás ahora tenían más sentido que cuando me las repetían de niña:
- Examen de conciencia: Madre mía, ¿qué c*** hice anoche?
- Dolor de los pecados: Estoy fatal, ¿quién me mandaría?
- Propósito de enmienda: No vuelvo a liarla así en mi vida.
- Decir los pecados al confesor: Tía, anoche se me fue de las manos.
- Cumplir la penitencia: Dolor de cabeza, náuseas, sudores fríos...

Mi resaca se pasó con el ibuprofeno, nada grave. Eso sí, espero no tener que confesarme en mucho tiempo...


miércoles, 16 de octubre de 2013

Te quiero. Gracias.

Este año en la Escuela Oficial de Idiomas tenemos una chica inglesa que nos va a dar clase una hora cada dos semanas. Siempre está bien poder hablar con un nativo, en especial por la pronunciación, pero también para conocer más cosas sobre su país y su cultura (que aunque estén aquí al lado, tenemos ciertas diferencias).

El miércoles pasado fue su primer día y lo dedicamos a conocerla un poco. Le preguntamos sobre los estereotipos o la imagen que tienen en UK sobre los españoles y las diferencias que ella había observado en las apenas dos semanas que llevaba aquí.
Junto con el clásico de que ella pensaba que aquí hacía buen tiempo y al parecer no (esto es Burgos, nena) nos contó que sí que había notado un cambio en cuanto a los modales – British manners – y que por ejemplo, estando en una cafetería, al dar las gracias al camarero, sus amigas le preguntaron que porqué siempre daba las gracias, ¡si era un camarero!

Al instante comenté con mi compañero que yo sí que daba las gracias a los camareros o en cualquier comercio. Y él me respondió que en su casa o con personas cercanas nunca daba las gracias.
- ¡Papá, pásame el pan!
- Toma hijo
- ...
Touché. Yo apenas lo hago en mi casa. Está claro que donde hay confianza, da asco.

Y es que a veces nos resulta tan difícil pronunciar ciertas palabras... esas palabras que muestran un mínimo de cariño y que al decirlas nos hacen sentir vulnerables. Esas que están ahí agazapadas esperando a encontrar una rendijita en nuestra coraza de miedo y vergüenza.
"Te quiero". Estamos hartos de oírlo en películas y series, pero es un rara avis en la vida real.
He de confesar que no recuerdo la última vez que lo dije... y vivo con mis padres.

Yo puedo hacerlo, pero no me resulta una labor sencilla. En cambio, hay quien es incapaz de identificar – y mucho menos expresar – sus sentimientos. Sienten algo pero no saben reconocer qué es ni pueden verbalizarlo. Alexitimia se llama este trastorno.

Luego nos encontramos con personas que lo repiten hasta la saciedad, esas que acaban de conocerte pero ya te quieren y no dudan en expresarlo. Estos sí que lo verbalizan, pero me da a mí que no tienen muy claro el concepto. Abusan tanto del "te quiero" que llegan a devaluarlo, pierde fuerza y el que lo escucha se hace inmune ante tanta palabrería.

No hay que privar de estas palabras a quien se las merece. Así que a ver si somos (yo me incluyo) capaces de encontrar el punto medio y lograr pronunciarlas con más frecuencia.

Gracias.

Te quiero.