lunes, 20 de mayo de 2013

Sonríe, es Burgos

La semana pasada me bajé con mi madre al centro -sí, soy de Gamonal; quién lo diría, eh?- a echar un ojo a la ropa de nueva temporada. Como viene ocurriéndome desde hace un tiempo, fui incapaz de encontrar nada decente en las tiendas: pantalones de rayas blancas y negras que sientan bien a todos los cuerpos, estampados étnicos imposibles, ropa flúor y flecos y tachuelas hasta en las bragas. Así os puedo resumir las mierdas tendencias de esta primavera-verano.

Tras la infructuosa expedición y con ganas de dar un descanso a mis ojos después del mal rato pasado, nos fuimos a tomar un té. Ya en la cafetería (un lugar repleto de familias) decidí ir al baño, con la mala suerte de entrar justo después de una madre y dos niñas. Allí estaba yo aguantando hasta que llegara mi momento de gloria cuando entró un chico. Tras ver que el baño de hombres también estaba ocupado y que le iba a tocar esperar como a mí, empezamos una conversación sobre puertas. Dos minutos de tonterías bastante graciosas que amenizaron la espera. Ahí se separaron nuestros caminos. Todo normal, pero, y si os pregunto que de dónde era el chico???

Quizás cambie la pregunta: ¿de dónde no era el chico? A más de un@ seguro que le habrá venido a la cabeza: ¡de Burgos!

Y ojo, que yo soy burgalesa, pero admitámoslo: no somos conocidos por nuestra simpatía y extroversión.
Volvemos a las generalizaciones, así que puntualizo: no todos los burgaleses son o somos fríos y bordes; pero tengo amigos que no son de aquí y cada vez que conozco a alguien de fuera de las fronteras burgalesas oigo eso de que en Burgos cuesta muchísimo encontrar a alguien que te dé conversación o entrar en un grupo; y ya no os quiero contar hacer amigos!

Triste, pero cierto. Días antes de mi encuentro con el simpático del baño estuve tomando algo con una amiga de la adolescencia a la que veo de ciento en viento. Le estaba contando mis idas y venidas cuando me preguntó: pero tú, a esa gente ¿cómo la conoces? Pues no sé... en bares, en conciertos, festivales... lo normal, supongo -le dije-. Su reacción fue algo así como: yo es que no soporto eso de que me vengan desconocidos a hablarme, ¿para qué? No quiero conocer a nadie, ya conozco a gente, no tengo que aguantar eso.
Me resultó curioso porque cuando éramos más jóvenes ella era la persona más extrovertida que conocía, hasta llegar al punto de ir donde un grupo de chicos, volver al cabo de media hora y decir: pues no eran los que yo conocía, pero bueno, me he quedado hablando con ellos...
Y yo, que quizás pecaba de borde (que lo sigo siendo, pero sólo cuando quiero) y pensaba que mejor malo conocido que bueno por conocer, ahora soy capaz de ponerme a hablar con un tío de 50 años a las 4 de la mañana sobre árboles genealógicos como si fuera lo más normal del mundo.

Así que después de ver cómo cambian las cosas y las vueltas que da la vida, lo que me toca ahora es daros el briconsejo del día: conoced gente, es divertido, incluso se pueden aprender cosas. Y si os da cosilla, cogedlo por otro lado: pensad que hay que tener amigos hasta en el infierno.


1 comentario:

  1. Al menos, queridita, espero que salieses de ese baño o bien con el pintalabios corrido o con un número de teléfono... Ya tu sabes...

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