jueves, 14 de noviembre de 2013

Ahí lo dejo

Estoy haciendo la tarea de inglés y acabo de toparme con un fragmento que me ha llamado la atención dentro de un texto que tengo que leer. Se trata de una anécdota de Kofi Annan:
I was one of a group of boys who sat on the floor of our proffesor's office for our weekly lesson in spoken English. One day the professor put a large sheet of white paper on the wall. The paper had a little black dot on the right-hand corner. When the professor asked, 'Boys, what do you see?' we all shouted together 'A black dot!' The professor stepped back and said, 'So, not a single one of you saw the white sheet of paper. You only saw the black dot. This is the awful thing about human nature. People never see the goodness of things, and the broader picture. Don't go through life with that attitude.'

Ahí lo dejo. 



lunes, 4 de noviembre de 2013

Hoy quiero confesar...

Hace tiempo que no tenía una gran resaca (mejor para mí, desde luego); pero el viernes me atacó esa clásica a la par que traicionera resaca post-siesta que te deja la cabeza que no sabes si vas o si vienes. Te levantas bien -a la hora de comer, eso sí- pero tras echar una cabezadita para terminar de recuperar el sueño que te robaron la noche anterior, te levantas hecha mierda.

El problema es que mi cabeza no para y está llena de pensamientos inconexos y conocimientos inútiles (salvo para las partidas de triviados) y cuando me desperté de esa siesta mortal una idea pasó por mi mente cual estrella fugaz. Propósito de enmienda. Esa era la idea. Dos palabras que me sonaban de algo, no recordaba el qué. Pasados unos minutos y un comprimido de ibuprofeno logré averiguar de dónde venían y la retahíla a la que iban unidas. Esa que se acaba grabando en tu cabecita cuando eres pequeña porque te la repiten mil veces pero que no sabes lo que significa (y no tienes ni el menor interés en saberlo). Eran algo así como las fases de la confesión que la catequista y la profe de religión te contaban al prepararte para la primera comunión: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Afortunadamente, cosas más importantes y útiles que ésta me ha aportado la educación que he recibido; sino, jodida estaba.

El caso es que me hizo gracia pensar por qué razon me rondaban la mente estas palabrejas y que quizás ahora tenían más sentido que cuando me las repetían de niña:
- Examen de conciencia: Madre mía, ¿qué c*** hice anoche?
- Dolor de los pecados: Estoy fatal, ¿quién me mandaría?
- Propósito de enmienda: No vuelvo a liarla así en mi vida.
- Decir los pecados al confesor: Tía, anoche se me fue de las manos.
- Cumplir la penitencia: Dolor de cabeza, náuseas, sudores fríos...

Mi resaca se pasó con el ibuprofeno, nada grave. Eso sí, espero no tener que confesarme en mucho tiempo...


miércoles, 16 de octubre de 2013

Te quiero. Gracias.

Este año en la Escuela Oficial de Idiomas tenemos una chica inglesa que nos va a dar clase una hora cada dos semanas. Siempre está bien poder hablar con un nativo, en especial por la pronunciación, pero también para conocer más cosas sobre su país y su cultura (que aunque estén aquí al lado, tenemos ciertas diferencias).

El miércoles pasado fue su primer día y lo dedicamos a conocerla un poco. Le preguntamos sobre los estereotipos o la imagen que tienen en UK sobre los españoles y las diferencias que ella había observado en las apenas dos semanas que llevaba aquí.
Junto con el clásico de que ella pensaba que aquí hacía buen tiempo y al parecer no (esto es Burgos, nena) nos contó que sí que había notado un cambio en cuanto a los modales – British manners – y que por ejemplo, estando en una cafetería, al dar las gracias al camarero, sus amigas le preguntaron que porqué siempre daba las gracias, ¡si era un camarero!

Al instante comenté con mi compañero que yo sí que daba las gracias a los camareros o en cualquier comercio. Y él me respondió que en su casa o con personas cercanas nunca daba las gracias.
- ¡Papá, pásame el pan!
- Toma hijo
- ...
Touché. Yo apenas lo hago en mi casa. Está claro que donde hay confianza, da asco.

Y es que a veces nos resulta tan difícil pronunciar ciertas palabras... esas palabras que muestran un mínimo de cariño y que al decirlas nos hacen sentir vulnerables. Esas que están ahí agazapadas esperando a encontrar una rendijita en nuestra coraza de miedo y vergüenza.
"Te quiero". Estamos hartos de oírlo en películas y series, pero es un rara avis en la vida real.
He de confesar que no recuerdo la última vez que lo dije... y vivo con mis padres.

Yo puedo hacerlo, pero no me resulta una labor sencilla. En cambio, hay quien es incapaz de identificar – y mucho menos expresar – sus sentimientos. Sienten algo pero no saben reconocer qué es ni pueden verbalizarlo. Alexitimia se llama este trastorno.

Luego nos encontramos con personas que lo repiten hasta la saciedad, esas que acaban de conocerte pero ya te quieren y no dudan en expresarlo. Estos sí que lo verbalizan, pero me da a mí que no tienen muy claro el concepto. Abusan tanto del "te quiero" que llegan a devaluarlo, pierde fuerza y el que lo escucha se hace inmune ante tanta palabrería.

No hay que privar de estas palabras a quien se las merece. Así que a ver si somos (yo me incluyo) capaces de encontrar el punto medio y lograr pronunciarlas con más frecuencia.

Gracias.

Te quiero.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

I'm sexy and I know it

El otro día me fui a tomar unas cerves con una amiga después de un concierto. A saber de qué estábamos hablando cuando mi amiga me dijo: gírate, mira a ese tío. Sabes quién es, ¿no? Me encanta.

Por supuesto que sabía quién era. No he cruzado una palabra con él en mi vida, contesté; pero sí, creo que todas las aquí presentes sabemos quién es y pensamos igual que tú. Y lo que es peor: ÉL LO SABE.

Es guapo y muy consciente de ello. Ya podemos darlo por perdido.

Eh, que no digo que sea inalcanzable, ni mucho menos. Al contrario, animé a mi amiga a intentarlo, pero ella tampoco estaba muy convencida de hacerlo.
¿Por qué? Porque ve lo mismo que yo y lo que imagino ven muchas más.
Porque desprende ese halo de "soy más guapo que el resto, ¿qué podéis ofrecerme, nenas?".
Porque estar en una relación con él sería algo así como un "siéntete afortunada de estar conmigo porque no eres mi única opción".

Y así no. Así no.

Porque el encanto de la belleza está en no saber que se posee.


martes, 10 de septiembre de 2013

Tienes un e-mail

Esta tarde me he puesto a hacer limpieza en un par de cuentas de correo electrónico (de las tropecientas que he ido acumulando aún no sé porqué).

Entre confirmaciones de pedidos de ropa y música, inscripciones a ofertas de empleo que nunca llegaron a materializarse y alguna que otra presentación de powerpoint; me he topado con conversaciones y recuerdos de hace años que me han sacado una sonrisa. Situaciones que en su momento me resultaban inmensas, bien emocionantes o bien punzantes y ahora me resultan una pequeñez, quizás por la lejanía; como quien subido en un avión percibe a las personas como hormiguitas.

Dos han sido las ideas que me han venido a la cabeza: el tiempo pasa y todo lo cura (no lo borra, eso sí, que no hay que olvidar lo aprendido); y que tengo grandes amigos, tanto para montar una gran fiesta, como para llorar un buen drama.

No descubro nada nuevo, lo sé. Pero me viene (y os viene) bien recordar estas cosas de vez en cuando:
  • Todo pasa: lo que ahora nos llena de felicidad o nos parte el alma no durará eternamente.
  • Siempre hay alguien con quien compartir esa felicidad y ese dolor: hacedlo.