martes, 27 de agosto de 2013

Rusia es un país donde vive gente maravillosa

Permitidme robaros unos segundos de vuestro tiempo para que veáis este documento para la historia a modo de introducción de esta entrada. 


Pues bien, esa debe de ser mi reacción aproximada cuando me preguntan: Oye, Leo, y... ¿cuál es tu tipo de hombre?
Pongámonos en situación. Reunión de amigas de esas con las que hace años que no te ves y por fin coincidís todas juntas. Dos solteras, X (que tiene un rollito desde hace un par de meses) y yo. Por alguna razón que no alcanzo a entender, se sienten en la obligación de encontrarme pareja. Les debo de dar pena o algo. ¡Venga que sí, tía!, ¡esta noche te encontramos un chico! -creo que no son conscientes de que para eso me basto y me sobro yo solita, que el problema no es encontrarlos una noche, sino al día siguiente-. Y ahí es cuando te hacen la fatídica preguntita: dinos, ¿cómo te gustan los hombres?, para saber por dónde tirar...

Pues... los hombres me gustan... con brazos y piernas... que sepan hablar... y... no sé mucho más. Gracias. -Añadir una sonrisa rollo Miss y listo, recemos para que le haya gustado al jurado-

Creo que nunca he sido capaz de responder a esa pregunta. Realmente no sé qué respuesta espera la gente... (y os advierto: cuidado con lo que decís, porque a saber qué hombres os encuentran).
- Moreno con ojos azules. Aquí entra hasta uno de los hermanos Calatrava.
- Que me haga reír. Quique San Francisco, por ejemplo?
- Que sepa cocinar. Karlos Arguiñano, mismamente.
- Que sea limpio y vista bien. Te encasquetan al primero que lleve un polo de la Martina.

Obviedades y estupideces. Lógicamente no quiero un tío que huela mal, ni uno que me haga llorar, ni uno que no sea capaz de sobrevivir sin su madre cocinando.

¿Cuál es mi tipo de hombre? El que me gusta. El que me parece atractivo; independientemente de que sea alto o bajo, moreno o rubio, con gafas o con vista de lince. Y punto. Probablemente ni yo le encuentre explicación, pero con que lo sepa yo, me sobra, queridas amigas. Las obras de caridad para quienes las necesiten.



miércoles, 21 de agosto de 2013

Pagándote la chupa

No es lo mismo que "pagando te la chupa".

O la importancia de los pequeños detalles.


lunes, 29 de julio de 2013

What you see is what you get

WYSIWYG: Se aplica a los procesadores de texto y otros editores de texto con formato que permiten escribir un documento viendo directamente el resultado final, frecuentemente el resultado impreso.

Ojalá. Ojalá las cosas resultaran ser como uno las ve en un principio, que lo que uno ve permaneciera inmutable en el tiempo. Pero no. Ese vestido que te pillas por internet resulta que es verde fosforito cuando tú lo compraste por verde pistacho.

Lo mismo pasa con las personas, siempre hay algo que descubrir con el tiempo. Algo bueno a veces, algo malo otras tantas.
No dudo que pueda tener su lado positivo el ir descubriendo distintas facetas de las personas; pero ¿cuántas veces nos acabamos llevando tremendas decepciones al ver que alguien no es como pensábamos?

He de decir que soy una persona de primeras impresiones, y que, aunque con el tiempo me he ido relajando en este asunto; hace unos años tendían a ser en un 80% negativas. Por consejo de amigos acababa cediendo en ciertos casos, pero tarde o temprano las personas que en un principio me resultaban nocivas, acaban siéndolo también para el resto.

Todos vendemos o intentamos proyectar una imagen fantástica de nosotros mismos; más aún hoy en día con las redes sociales. Uno no va diciendo por ahí que le gusta robar bolsos a las ancianas, pero sí que hace voluntariado con personas discapacitadas. Mostrar el lado positivo de uno mismo entra dentro de lo lógico y normal, y cuando conoces a una persona ves poco a poco cómo también tiene otro lado, que al fin y al cabo es lo que nos hace humanos.
El problema viene cuando todo lo negativo que ocultas supera con creces a lo positivo que vendes.

He vivido situaciones en que la propia persona me ha dicho: es que soy egoísta, o yo es que soy malo, pero no de los que se dan de hostias, sino de los que te la lían cuando menos te lo esperas.
Vale, ahí soy yo la que decide, tengo la información y si me la lías es mi culpa por meterme en la boca del lobo.
Esta especie no es peligrosa, es -parafraseando a Jesulín- como un toro: le ves los cuernos y sabes que te los puede clavar. El peligro viene con los individuos que son como esas ranitas de colores tan cuquis que luego resulta que tienen veneno como para cargarse a 1500 personas.

Es gente que lleva máscara para tapar su realidad y fingir lo que no son, para agradar y atraer a los demás y evitar que se vean sus debilidades. Pero las máscaras son frágiles y se acaban rompiendo y sale a la luz todo lo que ocultaban los mil colorines.

Todos tenemos partes coloreadas y partes blancas, negras y grises. No os fiéis de los que deslumbran con su arco iris.


domingo, 14 de julio de 2013

BBK Live... or die trying

Puedo decirlo: he sobrevivido al BBK Live 2013. Y os aseguro que no ha sido tarea fácil.

Salimos de Burgos el jueves a las dos del mediodía pasadas, por eso de ir con tiempo, montar la tienda y llegar al primer concierto que queríamos ver: ALT-J (a las 19:00). Partíamos con nuestras mochilas llenas de ilusión, que pronto se vería truncada por las numerosas pruebas que la organización nos puso para ver si éramos aptos o no para su magnífico festival (hubo momentos en los que sólo nos faltó Ramón García anunciándonos que salía la vaquilla Revoltosa).

La primera de ellas consistía en cargar con todos los trastos desde el parking nivel -2 (casualidad que en nuestra salida no había ascensor) hasta la planta 0 del BEC y salir dando la vuelta al edificio hasta una parada de bus en la que nos esperaba una hermosa cola. El parking se encontraba a unos 7 km del recinto; el cual a su vez se encontraba (según la página web del festival) a poco más de 1 km de la zona de acampada -que no sé muy bien cómo lo habrán medido...-. Bien, pues aquí llega la segunda prueba, algo más difícil que la anterior: llegar a la zona de acampada. Aguantamos la cola y montamos más o menos rápido en el bus (echémosle 20 minutos). Demasiado sencillo, vamos a animar la cosa: este bus sólo nos llevaba al recinto donde se celebraban los conciertos; para lograr llegar a la meta teníamos que coger otro autobús. Bajamos del primero con todos los bártulos (que siendo previsores habíamos metido el menor número de bultos posible, y aún así íbamos cargados como mulas) y con nuestra inocencia intacta nos dirigimos a coger el segundo bus. En este caso la cola era aún más larga y aderezada con un sol de justicia a las 5 de la tarde en un monte. No recuerdo lo que tuvimos que esperar, diría que más de una hora. Conseguimos entrar en un bus -otra vez como sardinas en lata- y llegar a nuestro destino. Una vez allí, montamos las tiendas y picamos algo para bajar con fuerzas renovadas.

Llegó la tercera prueba: otra cola para bajar al recinto. Al final, y habiendo salido a las 14:10 de casa (y llegando antes de las 16:00 a Bilbao), pudimos llegar a las 20:15 para ver a Editors. ALT-J habrá que dejarlo para otra ocasión.

Y cola para conseguir la pulsera. Y cola para pedir. Y cola para mear -en unos baños vomitivos-. Y otra cola para subir de nuevo a las tantas de la madrugada. Y cola para hacer cola. Y así todos los días.

Porque, como digo muchas veces: el sentido común es el menos común de los sentidos. ¿Cómo suben la zona de acampada a un monte con una carretera de un sólo sentido cuando tienen que subir y bajar buses continuamente? ¿Por qué ponen tan pocos buses y baños cuando se prevée una asistencia de 35,000 personas? ¿Por qué no ponen un bus desde el BEC hasta la zona de acampada con parada en el recinto en vez de obligarnos a hacer un trasbordo cuando la gente va cargada hasta las cejas? ¿FatBoy Slim en el escenario Heineken y Vampire Weekend en el escenario Bilbao?

Un buen cartel no es suficiente para hacer un buen festival, señores del BBK Live. Deberían de cuidar a los que dejándose más de 100 euros por asistir, les dan de comer; en vez de intentar convertir su festival en un nuevo FIB cargado de guiris borrachos. Porque no hay persona en la zona de acampada que no estuviese hasta las narices de la basura de organización y diciendo que no repetirían ni de broma. Yo la primera. He disfrutado con mis amigos, me he reído, he bailado, cantado y saltado, pero no creo que vuelvan a verme por ahí si nos tratan como a ganado.


jueves, 27 de junio de 2013

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo

Mi madre tiene una costumbre que me resulta muy molesta: adelanta todos los relojes cinco minutos. Mi padre ha llegado a la conclusión de que vive "anticipada", que sabe lo que va a ocurrir antes que los demás. A veces llego a pensar que es verdad, todo sea dicho.

Cinco minutos. Sólo cinco minutos. Cinco minutos para remolonear entre las sábanas. Cinco minutos esperando a quien llega tarde. Dos situaciones que nuestro reloj cognitivo percibe de forma muy diferente. Mientras que en la primera esos cinco minutos se convierten en un segundo, en la segunda tenemos la sensación subjetiva de que pasa una eternidad.
Y es que en esto de la percepción del tiempo hay un componente emocional bastante importante.

Hay dos momentos del año en que me pongo profunda y me planteo esto del paso del tiempo: Navidad y San Pedro. Medio año entre una fecha y otra. Tradición un tanto idiota es la que sigo con una amiga, que llegadas estas fechas siempre decimos una frase lapidaria: "Y en nada San Pedro" (en el caso de estar en Navidad) o "Y en cuanto te descuides ya está aquí la Navidad" (cuando andamos de fiestas en Burgos). Lo peor es que es cierto. Hace ya medio año que estábamos con el turrón y ahora toca ponerse morados a tapas. ¿Y qué he hecho yo en todo este tiempo?

Rápido o lento, el tiempo pasa. Y una de repente se encuentra con 27 años. Tampoco voy a ponerme trascendental y empezar a buscar el sentido de la vida (y en especial de la mía, que ya bastante tengo con vivirla). Por el momento prefiero pasar ese tiempo tomando cañas con los amigos, y quizás así pierda el sentido... del tiempo!