Entre un “Oye, sólo te molesto para
enviarte un beso, que hace una semana que te conocí.” y un “Pues
yo ahora me voy al cine. Llama tú si quieres.” caben muchas cosas.
Caben insinuaciones; caben piropos;
caben reproches, insultos y mentiras. Caben promesas que se lleva el
viento. Cabe cariño. Cabe rabia. Cabe la decepción. Cabe el descubrimiento. Caben muchos “tengo
ganas de verte” y otros tantos “este finde no puedo”. Cabe un
día perfecto. Caben cosas de las que no me siento orgullosa y cosas
de las que él no tiene remordimiento alguno. Cabe la contención. Cabe un complejo de
superioridad. Cabe todo lo que quiso contarme y no quise creer. Cabe
un juego de poderes y hasta un adiós fallido. Por caber, caben
incluso tres personas.
- Que sea normal.
Tampoco tengo muy claro qué es lo normal y qué no lo es, pero
supongo que me refiero a alguien sencillo, transparente, coherente,
sin nada que ocultar.
- Igual tú no eres
normal.
- Puede ser...
- Igual emites ondas
magnéticas anormales.
- Qué dices, ¿que mi
magnetismo atrae a anormales? jajajajaja
- Hombre, si te paras a
analizar...
- Jajajaja, me río por
no llorar.
- Entre inadaptados,
desequilibrados y gilipollas a secas... podrías hacer un catálogo
estupendo.
- Sí, el catálogo del
Venca. Pero de la temporada pasada.
- Jajajaja! Todos con
tara.
- Parece que los pillo
en el Lefties, la virgen.
- Tienes que hacerles
una entrevista previa, en plan ¿estudias o trabajas? pero más del
rollo ¿te medicas o tu sistema nervioso central está chachi? o...
¿estás soltero o quizás casado y pretendes ponerle los cuernos a
tu mujer conmigo?
- Lo típico, vamos. Yo
creo que puede resultar más efectivo el ir directa al grano, algo
así como: ¡hola guapo! ¿cuál es tu tara?
Permitidme robaros unos
segundos de vuestro tiempo para que veáis este documento para la
historia a modo de introducción de esta entrada.
Pues bien, esa debe de
ser mi reacción aproximada cuando me preguntan: Oye, Leo, y... ¿cuál
es tu tipo de hombre?
Pongámonos en situación.
Reunión de amigas de esas con las que hace años que no te ves y por
fin coincidís todas juntas. Dos solteras, X (que tiene un rollito
desde hace un par de meses) y yo. Por alguna razón que no alcanzo a
entender, se sienten en la obligación de encontrarme pareja. Les
debo de dar pena o algo. ¡Venga que sí, tía!, ¡esta noche te
encontramos un chico! -creo que no son conscientes de que para
eso me basto y me sobro yo solita, que el problema no es encontrarlos
una noche, sino al día siguiente-. Y ahí es cuando te hacen la
fatídica preguntita: dinos, ¿cómo te gustan los hombres?, para
saber por dónde tirar...
Pues... los hombres me
gustan... con brazos y piernas... que sepan hablar... y... no sé
mucho más. Gracias. -Añadir una sonrisa rollo Miss y listo, recemos
para que le haya gustado al jurado-
Creo que nunca he sido
capaz de responder a esa pregunta. Realmente no sé qué respuesta
espera la gente... (y os advierto: cuidado con lo que decís, porque
a saber qué hombres os encuentran).
- Moreno con ojos azules.
Aquí entra hasta uno de los hermanos Calatrava.
- Que me haga reír.
Quique San Francisco, por ejemplo?
- Que sepa cocinar.
Karlos Arguiñano, mismamente.
- Que sea limpio y vista
bien. Te encasquetan al primero que lleve un polo de la Martina.
Obviedades y estupideces.
Lógicamente no quiero un tío que huela mal, ni uno que me haga
llorar, ni uno que no sea capaz de sobrevivir sin su madre cocinando.
¿Cuál es mi tipo de
hombre? El que me gusta. El que me parece atractivo;
independientemente de que sea alto o bajo, moreno o rubio, con gafas
o con vista de lince. Y punto. Probablemente ni yo le encuentre
explicación, pero con que lo sepa yo, me sobra, queridas amigas. Las
obras de caridad para quienes las necesiten.