¿Conocéis el clásico de: me gustaría
fingir mi muerte para ver quién va a mi entierro, quién llora, qué
diría la gente...? Bueno, pues a mí lo que me gustaría es saber
qué piensa la gente de mí, qué primera impresión doy, qué se
comenta por ahí... pero en vida. No porque me preocupe o vaya a
tomar represalias, sino por curiosidad, por saber qué imagen
transmito.
Porque la gente habla. Yo lo hago. Tú
lo haces. Él lo hace. Nosotros lo hacemos. Vosotros lo hacéis.
Ellos lo hacen.
Este desvarío de hoy tiene una razón.
Estaba yo este fin de semana dando un garbeo cuando me encontré con
una persona con la que hacía probablemente más de un año que no
cruzaba palabra. El susodicho pasó por mi vida de forma efímera, ya
que teníamos alguien en común, y desapareció de ella a la vez que
lo hizo la persona que nos unía. Hasta ahí todo normal, cosas que
pasan.
Iniciamos la típica conversación de
¡ey! ¡cuánto tiempo!, ¿qué tal te va? -Lo cierto es que mi
interés era mínimo, pero en estos casos opto por ser políticamente
correcta y poner la mejor de mis sonrisas.- Y tras relatarle
brevemente mi situación actual me soltó un comentario sobre lo que
él sabía de mí hasta la fecha. Algo que, lógicamente, otra
persona o personas le habían comentado.
Lo cierto es que me descolocó por
completo y simplemente asentí y me despedí.
Minutos después, ya centrada, se lo
comenté a una de las personas que venían conmigo. La respuesta de
cómo había llegado tal información a este chico la teníamos clara.
Lo curioso es que la o las personas que se lo transmitieron a él
están aún más fuera de mi vida... aunque al parecer yo no lo estoy
de la suya.
Y es que ya lo dijo Dalí: "Lo
importante es que hablen de ti, aunque sea bien".

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