Esta mañana he estado de
visita en el que fue uno de mis lugares de trabajo y, mientras
hablaba con la chica que actualmente trabaja allí, me han venido
muchos recuerdos a la cabeza. Como viene siendo costumbre, no
podéis hacer nada para evitar que comparta con vosotros esos
pensamientos que han aparecido sin venir a cuento en mi cerebro. Aún
estáis a tiempo de parar aquí.
Durante mi vida laboral
he podido trabajar con niños -y aguantar a sus progenitores-,
adolescentes, personas mayores... Y una acaba viendo de todo (o casi).
Cada persona es un mundo,
pero seguro que coincidís conmigo y más de uno se ha encontrado en
algún ámbito de su vida con alguien que parece un niño grande.
Alguien de quien se espera un comportamiento cabal y (¡oh!
¡sorpresa!) resulta que no. Y es que hay muchas similitudes entre
los niños y ciertas personas adultas...
¡No toques eso!
Te das la vuelta y ves
como van directos a tocarlo.
¿Por qué has hecho
eso?
Tratas de razonarles
porqué no deben hacerlo y contemplas su cara de "no sé de qué
me estás hablando".
La diferencia viene a ser
que unos no pueden entenderlo y otros no quieren hacerlo.
Actúan sin sentido,
nunca sabes a qué atenerte, no sabes qué decirles ni qué hacer.
Algo así como tratar con Jim Morrison puesto de ácido.
Pues bien amigos, si
habéis sido valientes y os habéis atrevido a llegar hasta aquí, no
me queda más remedio que recompensaros:
Y si han hecho algo
indeseado y el razonamiento es inútil, mejor ignorarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario